Arrímate para allá

La cama es un campo de batalla para los durmientes. Se estiran, se patean, se arañan o se aplastan no se siente nada pues ellos duermen plácidamente. Entre sus fragancias humanas y los enredos.

Uno de los cuerpos es desplazado hacia el abismo e inminentemente cae; despierta del buen golpazo y ve a su oponente con buena parte de la cama.

Esto no se quedará así, sigue la revancha, sube las cobijas, empuja al “enemigo” y si tiene el sueño muy pesado hay un arma infalible. Un estruendoso “arrímate para allá”, entre la modorra y el amoldamiento cede un poco del terruño para por fin acomodarse y seguir batallando por los espacios más calientes y gozosos.

Adentro

Escuché tu voz adentro, en la memoria y en el recuerdo.

Percibí tu fragancia desde adentro.

Te miré dentro de mí, también te sentí.

Comí, bebí, reí todo fue adentro y no importaba si llovía, si una tragedia ocurría porque todo era soleado adentro.

La primavera ocurría. Yo florecía.