Nos quiero libres

Cuando era niña mi tía me tomaba muy fuerte de la mano, no me gustaba tenerla aprisionada yo quería correr y ver el mundo. El temor de mi tía era perderme y “qué cuentas le entregaba a mi madre”. Me hablaba del hombre del costal y de sus miedos. Crecí y con el tiempo salí de poco en poco hasta que podía cuidarme sola.

“Cuidarme sola”, já vaya ironía. En la adolescencia, yo creía que sí podía… hasta que tuve mi primer asalto. Un joven de veintipocos años con un cuchillo en mano, tomó la primer mochila y nos pidió dinero y celulares. Una joven enfermera se resistió a dar sus pertenencias y se le fue encima. No seré descriptiva, sobrevivió sí pero las heridas fueron graves.

¿Saben lo difícil qué es ahorrar para un celular, una mochila o un ipod?, por supuesto, semanas de trabajo. Poner resistencia a algo que te costó tanto es natural. Aquí en México nos enseñan a no resistirnos para mantenernos con vida y a salvo, ¿injusto no?

De allí se sumaron a mi lista otros asaltos. La vida te curte de algún modo. Intuyes cuando algo no anda bien y si tienes suerte te bajas del transporte público antes de que te agredan. Tal vez piensen que la solución es tener tu propio auto, ohhh sorpresa a un delincuente se le puede antojar el modelito y meterte un plomazo en la cabeza o encajuelarte y pasearte por semanas hasta decidir qué hacer contigo.

Las historias se cuentan a millares, todos hemos sufrido violencia de algún tipo y saben estoy harta de no poder “cuidarme sola” y más que “cuidarme” quisiera andar sola y sentirme libre.

Sí, libre de sacar mi teléfono sin mirar a diestra y siniestra que alguien me observe, libre de sostener mi bolsa en el brazo sin temor a que alguien me la arrebate, libre de subirme a un transporte público y privado con la seguridad de que llegaré a mi destino, libre de usar faldas sin temor a ser “morboseada” o “toqueteada”, libre de saber que mis amigos y familia llegarán a casa y no estar con el pendiente.

Quiero que podamos soltar a los niños de la mano y saber que lo peor que les puede pasar es caerse de manos. Uno mundo así sería lindo.

¿Es mucho pedir?

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Poetas

Te enamoraste de la persona incorrecta y no por incompatibilidad o diferencias. Sino porque un poeta siente el doble, ama el doble y el olvido pesa y cuesta. 

Al fin poetas que no sanan hasta destilar letras en canciones y poemas. Qué no se cansan de escribir del tema, 

obsesivos por supuesto, 

neuróticos por supuesto, 

sentimentales por supuesto, 

sensibles por supuesto.

Esa insaciable pasión sólo está en los poetas. Sólo un alma cuyo fuego incremente podrá hechizarlos, magnetizarlos. El mundo, su mundo será irresistible, enigmático.

Al fin poetas, al fin locos. 

Estamos rotos

Estamos rotos.

Rotos de amor, rotos de sueños, rotos del tiempo. Piezas por aquí y por allá, destinados a encontrar cada parte en otro ser o bien construirlas con trabajo. Un defecto aminorarlo, un mal hábito cambiarlo… Darte cuenta de que no era tan malo.

Estamos rotos.

Rotos para pegarnos día y noche hasta sonrojarnos. Pegamos los labios y los cuerpos, para no sentirnos rotos ni incompletos.

Amanecer al otro día con más recuerdos, con sensaciones, húmedos de amor, de sueños e ilusiones, buscando entre otras mentes dónde acomodar la pieza. 

Estamos rotos.

Rotos de poesía, de amor, de dolor, de ti, de mí, de todo. 

Y somos inolvidables.

Mentir

Sangre, no me dejes mentir, palpita dentro de mí, corre y cundo esté cerca bombea sin parar con temblor hasta que el rubor recorra cada milimetro de mi piel.

Saliva, no me dejes mentir. Seca mi boca hasta que se agrieten mis labios y las palabras salgan lentas y pausadas, pero brillantes y sabias.

Sudor, no me dejes mentir. Camina por doquier eres libre de hacer un río de mí. 

Tú, escucha y si las palabras no cuadran. Lee mi cuerpo, él no me deja mentir.

¿Cómo perdonar?

Una guía práctica sobre cómo perdonar vendría bien, con un listado de pasos a seguir e instrucciones para cuando las lágrimas ahogan. En realidad no creo que exista una receta, quizás en este momento pienses —¡Bah!, ¡me timas con ese título!, ¡¡vaya pérdida de tiempo!! —, pero espera… tengo algo que decirte.

El perdón es un proceso lleva tiempo, primero debes hacerte a la idea de que la perfección es ilusoria, que a veces nos hacemos ideas sobre alguna persona, pero son eso nuestras ideas, nuestras ilusiones, esperanzas, sueños, etc… sólo pertenecen a nuestras cabecitas locas, no a la persona en cuestión.

Por alguna razón las proyectamos durante años o meses, fingimos no ver errores, pasamos por alto muchos avisos, dejamos de escucharnos a nosotros mismos. Caemos en un espiral del tipo:

—Él va a cambiar.

—Ella no siempre es así.

— Yo sé que me ama.

— No lo hace con intención.

Dejamos que pase el tiempo y las disculpas esperadas no llegan nunca, porque la otra persona no lo sabe. Una vez que aprendes que son tus ilusiones y no las del otro, ya tienes un 50% de ganancia. Pero obtener el faltante cuesta un poco más.

Segundo controlar tus emociones y aprender a ser objetivo con los eventos ayuda un montón. Si dejas de ponerle etiquetas de bueno o malo, las cosas mejoran. Ver el escenario como eso un escenario, te ayudará a cambiar la perspectiva.

Tercero escribe y habla. Comunicar lo que sientes te ayudará a comprender mejor tus sentimientos, a nombrarlos. Tal vez por primera vez te enfrentes al sentimiento del enojo, de la rabia o del miedo, o quizás no sepas ni cómo nombrarle a esa sensación. Escoge uno y denomínalo, no importa que sean palabras inventadas por ti.

¡Oye, no tienes ni la menor idea por lo que estoy pasando!

Justo en estos momentos alguien se enfrenta ante una pérdida, de empleo, de un padre, de un hijo, de un esposo, novio, amante, amigo, cómplice (lo pongo en masculino para generalizar, recordemos que el género sexual es diferente al gramatical).

Y sí no tengo la menor idea por lo que estás pasando porque mis vivencias no son iguales a las tuyas. A mí me cuesta mucho acompañar a alguien en un funeral, nunca sé qué decir, no sé si mis palabras pasarán por sinceras o por insensibles.

Es un momento un poco incómodo, pero esos momentos son parte de la vida. Y sí algo he aprendido en estos últimos dos años es a desprenderme, es terriblemente difícil, déjame decirte que ni siquiera he dominado esas artes. Podría decirte de forma catastrófica que todo, todo, todo, vamos a perder hasta la vida.

Desde pequeños aprendemos a decirle adiós a las etapas, a los animales de compañía, a los abuelos (si tenemos la suerte de tenerlos), a los amigos. Hay que aprender a decir hasta pronto, hasta la siguiente vida o nos vemos en otro nivel. Aceptar que la soledad y la pérdida no son enemigos sino al contrario son formas de crecimiento, estarás listo para la madurez.

En cuestiones de perdón, imagino debe ser sumamente difícil perdonar a quién asesinó a un ser querido —uso este ejemplo porque aquí (México) todo el tiempo matan gente, por supuesto no es algo que me enorgullezca es parte de nuestra cotidianidad, hasta el grado que ha dejado de sorprendernos, de algún modo nos acostumbramos; es una tristeza—. Siguiendo con la línea perdonar, debe ser muy, muy, muy difícil perdonar a un sujeto de esta índole y quizás no merezca tu perdón nunca; sin embargo tu perdón lo mereces tú.

Si albergas odios o resentimientos te harán más daños a ti que quien va dirigido, porque esa energía se queda en tu interior. El proceso debe partir de ti, perdonarte a ti “por haber hecho”, “dicho”, “por no hacer”, la recriminación no funciona porque ya forma parte de tu pasado no de tu presente.

El pasado siempre va a estar allí, los recuerdos y aprendizajes, inevitables; creo que es mejor tenerlos a estar vacíos. “Aprender a vivir con el pasado pesa”, dirán algunos, pero el pasado no debe pesar, debe ser una alegría sin todas esas experiencias no serías la persona que eres hoy, ese evento triste te dio la oportunidad de ser un mejor ser humano, de tocar fondo y ver tu oscuridad.  Siempre van a estar dentro de ti el fondo y el abismo entre más bajo caes más impulso tomas.

Marcel Schwob nos recomienda quemar al ave fénix por si renace no vuelva a ser la misma. Deja que el perdón abra tu corazón y las experiencias tiren tus vendas de los ojos. Agradece por lo que fue y lo que hoy está.

Tu vida sigue latiendo, aún hay tiempo.

 

Bocadillo

Me comí un instante. Estaba relleno de destellos, esperanzas y sueños. No había miradas, ni testigos, sólo yo y ese instante que ya circulaba en mi torrente sanguíneo, su carga energética distribuía mis extremidades, el calor se apoderaba. Cerré los ojos con fuerza y salté al vacío, sin miedo a caer pues la confianza la tenía arraigada en mis alas, en el bocadillo que me empoderaba.