Listado de aprendizajes

1. Da tu mejor esfuerzo incluso en lo más pequeño. Los detalles valen la pena.

2. No obligues a tu cuerpo a hacer algo que no desea.

3. Las palabras no dichas salen de otras formas.

4. Sea cual sea tu edad hay muchas cosas que aún pueden sorprenderte.

5. Los niños son la mejor cura para cualquier mal.

6. Caminar acomoda los pensamientos.

7. Reír de lo más estúpido es lo mejor de lo mejor.

8. Los verdaderos amigos tarde o temprano se asoman a tu vida.

9. El amor es diverso y multifacético.

10. Las ideas y conceptos son el filtro de nuestra mirada.

11. La gente es rara y tú también.

12. Trepar un árbol no es tan buena idea, más si temes a las alturas.

13. La paz mental sí existe.

14. El caos también.

15. Nadie ama igual, ni menos, ni más… sólo es diferente.

16. Puedes coquetear sin llegar a nada y es divertido.

17. Se cambia de giro en instantes.

18. Si eres fijo, vas a sufrir.

19. Una palabra puede cambiarlo todo.

20. Hay muchos egoístas por allí.

21. Pero también hay gente compartida y valiosa.

22. El mayor estímulo es estar vivo.

23. Los días pueden estar llenos de novedad.

24. Te puedes encariñar en días.

25. Los gatos son cariñosos y tiernos.

26. Si caminas despacio, encontrarás una cara conocida…

27. O puedes hacer un amigo o algo más…

28. Tu experiencia puede ayudar aunque no lo creas.

29. Acostarte en el pasto te recobra, hasta que activan los regadores.

30.  Hay gente muy observadora.

31. Todos en esencia somos lo mismo.

32. La cura está en ti.

33. Ten paciencia. La edad no implica madurez.

34. Contar todo no siempre es buena idea. (Es un gesto que pocos aprecian).

35. Aligérate, la vida no es una carga.

36. Cierra los ojos y cree.

Corte y acción

Dos palabras pertenecientes al léxico cinematográfico que pueden aplicarse a la vida. Hacer un corte y ponerte manos a la obra con nuevos proyectos.

 Mi silencio no es gratuito, cocino un pastel para compartirlo y no quiero que se desinfle. 

Pronto volveré por estos lares y traeré rebanadas para ustedes.

Abrazo.

No importa

Ya no importa si las cosas no salen como espero. Si el control lo tengo yo, tú, ellos, nosotros o no existe. No importa si las circunstancias conspiran en mi contra o a favor. Los resultados ya no importan. No importa ya si el destino ya está escrito y yo lo ayudo a progresar. Eso ya no importa, porque no dejaré que esos eventos, los disparates, reclamos e impaciencias ahoguen mi voz y mi esencia. Ya no importa porque después de a larga espera tengo fe y eso es todo lo que importa.

Historias

Se van hilando las historias, una por una. Se anudan, se enrrollan, se cortan, se entrelazan, se separan. El tiempo y la vida lo acomodan, sigue hilando, tejiendo, surciendo, que nada para y todo es más bello.

Te dejo

El segundero camina, una a una las horas se deslizan, nada se paraliza, los tiempos cambian al igual que el viento. Los años traspasan la piel y la cara. No soy la que fui, me veo al espejo ni siquiera me reconozco. Te dejo ir aunque el corazón reviente y los tejidos sangren. Vete con tu luz y tu mundo, con las promesas a medias, las fotos y las maletas deshechas si quieres te ayudo a hacerlas. Te dejo ir. En la lejanía mi voz se apaga y te entreveo a la distancia allí de pie frente a otros ojos con otras estrellas.

Enseñanzas del deporte

  1.  Ponte en marcha.
  2. Hoy no vas a llorar, vas a sudar.
  3. El dolor es síntoma de crecimiento.
  4. La música es la mejor compañía.
  5. Resistencia más intensidad es sinónimo de un buen trabajo.
  6. Después de un tiempo: te curtes.
  7. La terapia puede hacerse montado en una bici.
  8. Si hoy faltas, mañana te arrepientes.
  9. Sigue aunque pese.
  10. Ten paciencia, sigue tu ritmo.

Hace tiempo

Hace tiempo que no escribo, no porque no quiera o lo haya olvidado. En realidad, no sé de qué escribir o de quién, ¿no les pasa que un día sus musas se toman descansos?, y allí te quedas estancada con ideas en la cabeza que no van a ningún lado, luego el sueño y los quehaceres las borran, te terminas ahogando en la cotidianidad del día a día. Eso es justo, pero también en parte.

Hace tiempo que no escribo porque te extraño y no quiero extrañarte. Sí, sí te pienso casi a diario, no sé si ya me perdonaste o si aún queda una esperanza de volver a ser amigos. No quiero escribirte ni directamente ni indirectamente, no puedo evitarlo. 

Mis sentimientos son sinceros al igual que mis disculpas. El camino es difícil y sólo pienso en tus palabras: sé paciente. Por eso no escribo, porque los escenarios creados por mi mente, las ilusiones vuelven y tardan en irse.

Es mejor no escribir para no recordarte, dejar de escribirte directamente o escribir de ti, en estas líneas, en mis ojos o en mis descansos.

Hace tiempo que no escribo por temor a perderte y perderme, sólo estoy allí mirándote a la distancia, mirando mis errores, luchando por sobrevivir porque de una cosa estoy segura: nadie es indispensable.

Hace tiempo que no escribo porque no quiero que sepas lo que pienso, porque el silencio sana las más graves heridas. Camino con el tiempo de la mano y la aceptación como bandera, mis pies se mueven hacia adelante y mi cabeza gira hacia atrás con la esperanza de volver a verte.

Hace tiempo que no escribo y me disculpo porque las letras se vuelven fieras cuando dejas de hacerlo. Te muerden y nada queda a mi gusto o como lo hubiese imaginado.

Aquí estoy letras, aquí estoy extraño. Tal vez vuelvas, tal vez no, pero yo te extraño.

Sobre la vejez

Anochecer, amanecer así a diario, con los días despertando. La vejez se asoma en la piel, en las manos, en los ojos, la edad te transforma y te recuerda tu fugacidad. La vida es muy corta para seguir dividiendo la vejez y la juventud, la edad no importa, las experiencias sí, el cómo te amoldas al tiempo y tejes tu vida. Si cuentas los días, lo que no has hecho, lo que se fue y enumeras tus desdichas o bien cedes ante la presión, opiniones, críticas; te pierdes en el laberinto de supuestos, olvidando los hechos. Por una vida no quiero que me diseccionen con líneas del tiempo, sólo quiero acomodarme a él.

Árbol

Sus ramas se alargaban como dedos para tocar el cielo. Se abastecía de hojas verdes, flores entre rosas y violetas. El viento lo despeinaba, las ardillas se resguardaban. Crecía primero a centímetros después a metros.

Nacían nuevos dedos, en otoño deshojados, en invierno desnudos, se mimetizaban con los rayos luminosos, uno negro, otro blanco enceguecedor. Como garras abrazándose en instantes por la noche sin olvidar que una vez fueron amantes.

La fuerza, el destello, la esperanza de volver a verse quedaba atestiguada entre la tierra que cimbraba, la noche se hacía día, el día oscuro y el árbol guardaba aquellos instantes en sus enredados pies.

Allí espera aparentemente inmóvil, intacto, pero él amanece una y otra vez.