Estamos rotos

Estamos rotos.

Rotos de amor, rotos de sueños, rotos del tiempo. Piezas por aquí y por allá, destinados a encontrar cada parte en otro ser o bien construirlas con trabajo. Un defecto aminorarlo, un mal hábito cambiarlo… Darte cuenta de que no era tan malo.

Estamos rotos.

Rotos para pegarnos día y noche hasta sonrojarnos. Pegamos los labios y los cuerpos, para no sentirnos rotos ni incompletos.

Amanecer al otro día con más recuerdos, con sensaciones, húmedos de amor, de sueños e ilusiones, buscando entre otras mentes dónde acomodar la pieza. 

Estamos rotos.

Rotos de poesía, de amor, de dolor, de ti, de mí, de todo. 

Y somos inolvidables.

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Mentir

Sangre, no me dejes mentir, palpita dentro de mí, corre y cundo esté cerca bombea sin parar con temblor hasta que el rubor recorra cada milimetro de mi piel.

Saliva, no me dejes mentir. Seca mi boca hasta que se agrieten mis labios y las palabras salgan lentas y pausadas, pero brillantes y sabias.

Sudor, no me dejes mentir. Camina por doquier eres libre de hacer un río de mí. 

Tú, escucha y si las palabras no cuadran. Lee mi cuerpo, él no me deja mentir.

¿Cómo perdonar?

Una guía práctica sobre cómo perdonar vendría bien, con un listado de pasos a seguir e instrucciones para cuando las lágrimas ahogan. En realidad no creo que exista una receta, quizás en este momento pienses —¡Bah!, ¡me timas con ese título!, ¡¡vaya pérdida de tiempo!! —, pero espera… tengo algo que decirte.

El perdón es un proceso lleva tiempo, primero debes hacerte a la idea de que la perfección es ilusoria, que a veces nos hacemos ideas sobre alguna persona, pero son eso nuestras ideas, nuestras ilusiones, esperanzas, sueños, etc… sólo pertenecen a nuestras cabecitas locas, no a la persona en cuestión.

Por alguna razón las proyectamos durante años o meses, fingimos no ver errores, pasamos por alto muchos avisos, dejamos de escucharnos a nosotros mismos. Caemos en un espiral del tipo:

—Él va a cambiar.

—Ella no siempre es así.

— Yo sé que me ama.

— No lo hace con intención.

Dejamos que pase el tiempo y las disculpas esperadas no llegan nunca, porque la otra persona no lo sabe. Una vez que aprendes que son tus ilusiones y no las del otro, ya tienes un 50% de ganancia. Pero obtener el faltante cuesta un poco más.

Segundo controlar tus emociones y aprender a ser objetivo con los eventos ayuda un montón. Si dejas de ponerle etiquetas de bueno o malo, las cosas mejoran. Ver el escenario como eso un escenario, te ayudará a cambiar la perspectiva.

Tercero escribe y habla. Comunicar lo que sientes te ayudará a comprender mejor tus sentimientos, a nombrarlos. Tal vez por primera vez te enfrentes al sentimiento del enojo, de la rabia o del miedo, o quizás no sepas ni cómo nombrarle a esa sensación. Escoge uno y denomínalo, no importa que sean palabras inventadas por ti.

¡Oye, no tienes ni la menor idea por lo que estoy pasando!

Justo en estos momentos alguien se enfrenta ante una pérdida, de empleo, de un padre, de un hijo, de un esposo, novio, amante, amigo, cómplice (lo pongo en masculino para generalizar, recordemos que el género sexual es diferente al gramatical).

Y sí no tengo la menor idea por lo que estás pasando porque mis vivencias no son iguales a las tuyas. A mí me cuesta mucho acompañar a alguien en un funeral, nunca sé qué decir, no sé si mis palabras pasarán por sinceras o por insensibles.

Es un momento un poco incómodo, pero esos momentos son parte de la vida. Y sí algo he aprendido en estos últimos dos años es a desprenderme, es terriblemente difícil, déjame decirte que ni siquiera he dominado esas artes. Podría decirte de forma catastrófica que todo, todo, todo, vamos a perder hasta la vida.

Desde pequeños aprendemos a decirle adiós a las etapas, a los animales de compañía, a los abuelos (si tenemos la suerte de tenerlos), a los amigos. Hay que aprender a decir hasta pronto, hasta la siguiente vida o nos vemos en otro nivel. Aceptar que la soledad y la pérdida no son enemigos sino al contrario son formas de crecimiento, estarás listo para la madurez.

En cuestiones de perdón, imagino debe ser sumamente difícil perdonar a quién asesinó a un ser querido —uso este ejemplo porque aquí (México) todo el tiempo matan gente, por supuesto no es algo que me enorgullezca es parte de nuestra cotidianidad, hasta el grado que ha dejado de sorprendernos, de algún modo nos acostumbramos; es una tristeza—. Siguiendo con la línea perdonar, debe ser muy, muy, muy difícil perdonar a un sujeto de esta índole y quizás no merezca tu perdón nunca; sin embargo tu perdón lo mereces tú.

Si albergas odios o resentimientos te harán más daños a ti que quien va dirigido, porque esa energía se queda en tu interior. El proceso debe partir de ti, perdonarte a ti “por haber hecho”, “dicho”, “por no hacer”, la recriminación no funciona porque ya forma parte de tu pasado no de tu presente.

El pasado siempre va a estar allí, los recuerdos y aprendizajes, inevitables; creo que es mejor tenerlos a estar vacíos. “Aprender a vivir con el pasado pesa”, dirán algunos, pero el pasado no debe pesar, debe ser una alegría sin todas esas experiencias no serías la persona que eres hoy, ese evento triste te dio la oportunidad de ser un mejor ser humano, de tocar fondo y ver tu oscuridad.  Siempre van a estar dentro de ti el fondo y el abismo entre más bajo caes más impulso tomas.

Marcel Schwob nos recomienda quemar al ave fénix por si renace no vuelva a ser la misma. Deja que el perdón abra tu corazón y las experiencias tiren tus vendas de los ojos. Agradece por lo que fue y lo que hoy está.

Tu vida sigue latiendo, aún hay tiempo.

 

Bocadillo

Me comí un instante. Estaba relleno de destellos, esperanzas y sueños. No había miradas, ni testigos, sólo yo y ese instante que ya circulaba en mi torrente sanguíneo, su carga energética distribuía mis extremidades, el calor se apoderaba. Cerré los ojos con fuerza y salté al vacío, sin miedo a caer pues la confianza la tenía arraigada en mis alas, en el bocadillo que me empoderaba.

Enseñanzas de las greguerías

I. Apunta, las mejores ideas vienen en oleadas.

II. Observa más allá de lo que ves.

III. Predice.

IV. Cambia el enfoque. No una… mil veces.

V. Saca brillo de los escombros.

VI. Busca humor.

VII. Sé paciente.

IX. Ve al grano.

X. No lo compliques.

Romanticismo suelto

El ambiente interno pocas veces coincide con el externo. Hoy llueve y lluevo. No sé si sea cosa del clima o una nostalgia tan grande que llevo atorada y cuyo cause único es el de los ojos, ese atoramiento en la garganta de palabras no dichas y allí formadas, esperando su turno, añejas, apestosas por el paso de los años como las cañerías tapadas en la ciudad por el exceso de basura. Mi interior se refleja en esta ciudad constipada de gente, agua, basura y un tránsito de autos que en forma deliberada arrojan ruidos que enferman mis oídos, quiero llegar a un espacio cálido y seco para quitarme la ropa mojada que de tanto tiempo se seca en mí. Pieles frías se retregan contra las blusas empapadas del sudor del día con la lluvia que no deja de caer. Amenazante el cielo revienta en truenos y rabia hasta que se apacigua y deja de hablar. Las miradas se posan en él, nadie está en su interior todos miran afuera con aires de supervivencia caminando entre el filo de la acera para no caer. Así yo con mi interior que refunfuña fulminante a lo que no pudo ser y languidecen las fuerzas como esa bella gota que resbala a la mortalidad del piso,  me veo soy la gota, volveré a renacer si tan sólo cayera en el piso blando café. Las estrellas se agalopan con destreza mostrando su exuberante felicidad, ellas están arriba y suponen nunca caerán. La sutileza de cabellos enmrañados corren en pequeñas bolas de cadejos hacia una coladera y la gente mira como se deslizan. Lacustre ciudad fuiste, segunda Venecia te decían. No existes más, te inundas de gente, de asfalto, casas habitación y hoteles de gran dimensión. Los árboles buscan eludir la mirada del capitalista y del burgués, unos años más de vida bajo la neblina de invisibilidad, qué así sea, así permanezcan y no los arranque la crueldad. Mi corazón efusivo parlotea sin cesar pues un choque lo alebresta con su caótico rechinar. Un segundo o dos no estaría más pero hoy estoy con este caos de ciudad y otro mental.

Escribe como si te escribieras a ti

Dedicado a mi yo de hace unos años atrás. A los que hoy la pasan mal y a mi futuro yo por si alguna vez lo vuelvo a necesitar.

Puede ser que hoy toque a tu puerta la oscuridad, el pesimismo, la lucha incesante de saber si un día cambiará. 

Y sí, si cambia al ritmo del aprendizaje. Si hoy lloras, si tristeas por alguien que una vez fue importante, si extrañas a una persona en particular que ya no llama, no escribe y no sabes cómo está o bien la vida se llevó a ese ser y ahora están incomunicados, puedo decirte que estarás bien.

Sobrevivirás a la oscuridad. Crecer duele, pero duele más madurar. Creéme que este momento va a cambiar, mira tu luz, observa a la gente que te ama y te quiere. Hay un tiempo para la oscuridad y otro para la luz. Con ensayo, error y raspón uno aprende a confiar en la vida a tomar un lugar. 

Espera y confía que el Sol saldrá.

Gracias a todos los que están, los que estuvieron y los que estarán. 

Naturaleza muerta: florecimiento y decadencia

Estimados lectores y amigos,
Disculpen mi ausencia durante este tiempo pero entre el trabajo y la escuela se me ha dificultado repartirme. Quiero compartir con ustedes un artículo que escribí sobre Naturaleza Muerta. Debo decir que estoy de fiesta, pues terminé hace unas semanas mi Especialidad en Historia del Arte y estoy muy emocionada porque he encontrado un camino más que me satisface. Gracias por su tiempo, espero disfruten de mis hallazgos tanto como yo. Les mando un abrazo 🙂

Prisma a la vista

Todo (…) pasado viene empujado por un futuro y

(…) todo futuro viene detrás de un pasado y

 (…) todo pasado y todo futuro son creados

y fluyen por aquello que siempre está presente.

San Agustín.

En 1483 la peste negra invadió Europa, los ciudadanos creían que esta enfermedad era un castigo de Dios por sus pecados. No tenían una explicación lógica sobre cómo se propagaba o por qué morían, sólo se aferraban a la idea de llegar al paraíso prometido. La iglesia católica se aprovechaba de este sentir por lo que negociaba indulgencias, exigía diezmos y el pago oportuno de impuestos, por supuesto, ésta era una forma de obtener el dinero fácil, ya que así los papas, sacerdotes se daban una vida de lujos y placeres.

El hombre que se percató de ello fue Martín Lutero. Gran parte de su vida la había dedicado a la religión, pero al…

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