Historia marina

Las olas acariciaban la orilla, de forma suave, Arena se regocijaba, sentía las vibraciones, el vaivén. Entraba en éxtasis, un gozo perpetuo. En ese ir y venir, se apapachaban, se daban espacios, con fuerza regresaba con pasión y ternura, la noche era testigo de su devoción, la luna cambiaba sus ritmos y la flora y fauna florecía.

Todo era vida, entre deslizamientos, caricias y dulzura.

Música del bosque

La araña toca el piano. La cigarra prueba el micrófono. El grillo afina el violín, el insecto palo limpia su flauta. La chicharra juega con el acordeón y el escarabajo corre por las baquetas de su batería. Están listos para interpretar la pieza sin partituras y todo de memoria a la usanza ancestral.

La voz del bosque arrulla al bebé que está en la cuna, es el único oyente, pues todos duermen.

La piedra y la planta

La piedra y la planta siempre están juntas, la primera le enseña a ser fuerte, la segunda a ser frágil. En la piedra pueden nacer plantas y las plantas decoran las rocas. La planta susurra y la roca calla. Si la planta nos roza acaricia y la roca nos raspa. Ambas nos muestran los cariños de la vida y la fuerza para abrazarla. 

Árbol

Sus ramas se alargaban como dedos para tocar el cielo. Se abastecía de hojas verdes, flores entre rosas y violetas. El viento lo despeinaba, las ardillas se resguardaban. Crecía primero a centímetros después a metros.

Nacían nuevos dedos, en otoño deshojados, en invierno desnudos, se mimetizaban con los rayos luminosos, uno negro, otro blanco enceguecedor. Como garras abrazándose en instantes por la noche sin olvidar que una vez fueron amantes.

La fuerza, el destello, la esperanza de volver a verse quedaba atestiguada entre la tierra que cimbraba, la noche se hacía día, el día oscuro y el árbol guardaba aquellos instantes en sus enredados pies.

Allí espera aparentemente inmóvil, intacto, pero él amanece una y otra vez.

El clan

 

puerta La puerta vieja sigue intacta, aún se resiste a la fuerza de la polilla. El tapiz carcomido y la alformbra con las mismas manchas (una que otra nueva). Con asombro me miran, pues he vuelto a ese mundo, bajo el subsuelo, donde el infierno es más cerca, pero casi con las manos tocas el cielo.

Y después de tanto tiempo vuelvo, juré no volver a hacerlo, pero aquí estoy, no más invasiones a mis sueños.

Una vez más de pie, frente a ellos, mi clan.