Pensamientos íntimos

Encontrarte en aquella mesa no fue coincidencia, las pláticas telefónicas, los chats a distancia… maldita distancia. Los encuentros febriles, la nostalgia.

Los te quieros, los besos, las risas torpes. La duda, el cariño, las largas caminatas. El soleado invierno de color blanco, los árboles con sus figuras alargadas; ellos crecen como mi confianza.

De vuelta a ti, a tu abrigo; a tus ojos que me pierden en tus laberintos ¿Cuánto han callado?, ¿cuánto han visto?, ¿cuánto han sufrido?, las ojeras bajas te delatan, la melancolía está allí sembrada desde hace años.

La incomodidad de verte y sin poderla esconder. Miro hacia otro punto, al incierto horizonte, compartimos espacio y silencios, pero nuestros pensamientos permanecen íntimos, callados y distantes.

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A mi hermosa flor

Unos pétalos con amor para que se envuelvan en ti y aprendan de la dulce fragancia que emanas. Déjalos que memoricen tu piel como una vez lo hice yo. 

A crecer

Lo inevitable: envejecer y crecer, ¿qué implica crecer?

En una edad temprana el humano tiende a compararse con otro en estatura ―yo soy más alto que tú, yo te gano por un pelo, mira estamos igual―, así comienza el historial de comparaciones, se empieza con los juguetes, con “mira lo que me trajeron los reyes o Santa y a ti no,perdedor”, así progresivamente, después son las calificaciones, ropa, objetos, muebles, carteras, casas y un sinfín  de objetos…

Lo inevitable: envejeces y creces.

Dejas de darle importancia a todo eso, callas esas voces, esos bucles que no llevan a ningún lado y piensas ―ajá, estoy madurando, creciendo, envejeciendo―, otros puntos  se valoran como preponderantes. En el adulto las cuentas, deudas, escuela, pagos de tarjetas y un algo más: el alma y la tranquilidad.

Lo inevitable: envejeces y creces. Tic-tac.

El precio de la tranquilidad, ese día en el que tu voz la escuchas, sabes lo que quieres, lo que no, qué tanto estás dispuesto, qué tanto te perturba. Las manecillas te corretean y te muerden los talones con ese tic-tac (así nos mastican ellas). Y es hoy el día indicado de deshechar lo que debes… ropa, personas, discursos, ambientes.

Buscas esa tranquilidad…

Lo inevitable: envejeces y creces. Tranquilidad.

Allí adentro está, su voz siempre ha estado para ti, pero por ponerte rebelde y desobediente te has metido en líos verdaderamente “chonchos”, sí simpre estuvo allí para ti. En las buenas, en las peores, en el atrás y el porvenir. Sólo escucha.

Lo inevitable: envejeces y creces. Contagio, contacto.

Saber escuchar a la natura, a  lo tuyo, lo que siempre estuvo y nunca te abandonó, ni te abandonará. La fuerza te recorre y sólo sabes que estás en contacto con el cosmos, con lo que no se ve, pero sientes. En ese momento, en esos segundos de lucidez, piensas: ¡¡Cuánto he crecido!!, he envejecido o quizás estoy alumbrando un aspecto de mí que desconocía.

A crecer…