A crecer

Lo inevitable: envejecer y crecer, ¿qué implica crecer?

En una edad temprana el humano tiende a compararse con otro en estatura ―yo soy más alto que tú, yo te gano por un pelo, mira estamos igual―, así comienza el historial de comparaciones, se empieza con los juguetes, con “mira lo que me trajeron los reyes o Santa y a ti no,perdedor”, así progresivamente, después son las calificaciones, ropa, objetos, muebles, carteras, casas y un sinfín  de objetos…

Lo inevitable: envejeces y creces.

Dejas de darle importancia a todo eso, callas esas voces, esos bucles que no llevan a ningún lado y piensas ―ajá, estoy madurando, creciendo, envejeciendo―, otros puntos  se valoran como preponderantes. En el adulto las cuentas, deudas, escuela, pagos de tarjetas y un algo más: el alma y la tranquilidad.

Lo inevitable: envejeces y creces. Tic-tac.

El precio de la tranquilidad, ese día en el que tu voz la escuchas, sabes lo que quieres, lo que no, qué tanto estás dispuesto, qué tanto te perturba. Las manecillas te corretean y te muerden los talones con ese tic-tac (así nos mastican ellas). Y es hoy el día indicado de deshechar lo que debes… ropa, personas, discursos, ambientes.

Buscas esa tranquilidad…

Lo inevitable: envejeces y creces. Tranquilidad.

Allí adentro está, su voz siempre ha estado para ti, pero por ponerte rebelde y desobediente te has metido en líos verdaderamente “chonchos”, sí simpre estuvo allí para ti. En las buenas, en las peores, en el atrás y el porvenir. Sólo escucha.

Lo inevitable: envejeces y creces. Contagio, contacto.

Saber escuchar a la natura, a  lo tuyo, lo que siempre estuvo y nunca te abandonó, ni te abandonará. La fuerza te recorre y sólo sabes que estás en contacto con el cosmos, con lo que no se ve, pero sientes. En ese momento, en esos segundos de lucidez, piensas: ¡¡Cuánto he crecido!!, he envejecido o quizás estoy alumbrando un aspecto de mí que desconocía.

A crecer…

Las mejores historias

Las mejores historias se escriben con:

Tengo miedo, pero lo enfrento.

Tengo miedo, pero me aviento.

Muero, pero no agonizo.

Las mejores historias se escriben con:

¡¡Vamos por eso!!

¡Tú puedes!

¡Levántate y sigue!

Las mejores historias se escriben con:

Los seres vivos.

El Sol

y la Luna.

Las mejores historias se escriben con:

¡Buenos días!,

¡Suerte!,

sonrisas.

Las mejores historias estás por escribirlas.

Mis diez descubrimientos

  1. No duele la soledad, duelen las ilusiones rotas.
  2. Para sacar tu brillo personal debes estar solo.
  3. La tranquilidad es más valiosa que la felicidad.
  4. Respetar tus decisiones es más difícil de lo que parece.
  5. Caminar solo, te hace fuerte; pero…
  6. el amor sana todas las heridas (puede emanar de ti para ti o de otros seres)
  7. La disciplina es lo que te mantiene a flote.
  8. Cuando parece que lo has superado, lloras. Es parte de sanar.
  9. Mantener la cabeza fría, cuando el corazón está decidiendo, es la mejor decisión.
  10. Los cambios son buenos. Somos castillos de arena a la orilla del mar.

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Beso

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En un beso las almas

se mezclan,

se besan,

se huelen,

se desnudan,

se ambientan,

se intercambian,

se acarician,

se acercan.

 

Colores

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Mi presente clama por atención, con colores en alta definición, busca mi mirada. Mi pasado luce amarillo, agrietado, congelado, lejano, ya no tiene olor. Mi futuro lila, robótico, sublime…una fantasía.

Cada día que pasa

Cada día que pasa te quiero más.

Escuchas mis tristezas con atención y ojos consoladores. Me cuentas tus historias sin perder el hilo y la tensión. Confías en mí sin siquiera conocerme. Es tan fácil abrir nuestros corazones y ver lo que contienen. Nos hacemos vulnerables, la confianza se acrecienta, no hay espacio para la melancolía, creamos un lugar para vaciar, para abrazar, para jugar y bromear.

Me quieres, te quiero y no me dejas caer.

No eres perfecto y me encanta porque ni siquiera intentas serlo.

Tan humano, tan tú, tan auténtico, tan ciegos ellos en no verlo.

 

Empacho

Muero de angustia,

muero de amor,

muero de recuerdos.

Recuerdos que me empachan,

la cabeza y el corazón.

Muero de ti,

muero de amor,

mueren los supiros.

Suspiros de palabras no dichas.

Muero de sed,

muere mi ser,

Las flamas se alebrestan,

no se apagan en mí.

 

Cerré los ojos

Cerré los ojos para olvidar, para llorar, para abrazar, para besar, para pensar, para sentir, para pausar, para recordar, para bailar, para dormir, para soñar, para imaginar, para reír, para descansar. En cuanto los abrí vi el presente, el horizonte y el porvenir.

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