A mi hermosa flor

Unos pétalos con amor para que se envuelvan en ti y aprendan de la dulce fragancia que emanas. Déjalos que memoricen tu piel como una vez lo hice yo. 

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Bocadillo

Me comí un instante. Estaba relleno de destellos, esperanzas y sueños. No había miradas, ni testigos, sólo yo y ese instante que ya circulaba en mi torrente sanguíneo, su carga energética distribuía mis extremidades, el calor se apoderaba. Cerré los ojos con fuerza y salté al vacío, sin miedo a caer pues la confianza la tenía arraigada en mis alas, en el bocadillo que me empoderaba.

Adiós

Corrí hacia la puerta para despedirme, despertando poco a poco los besos que dejé guardados, desde el mes pasado, en tus labios. Un impulso llevó a otro, de forma irremediable llegamos a un punto sin retorno, la despedida hizo alianza con el tiempo lo extendió a límites incontables, los escasos minutos se hicieron horas. Aquella escena no era una despedida, sino un comienzo que empezó con un adiós.

Demolición

Después de los años compartidos, me abandonaste. La pintura se borro, se desmorono. La loza se descuartizo. Las paredes no se cansan de crujir.

¿Seré yo la que tiemblo?

¿Estaré a punto de caer?

Un golpe, dos golpes, tres golpes.

He perdido la cuenta. Sólo queda un desastre.

Lo entiendo todo. Fue una demolición. Adiós recuerdos, adiós todo.

Se apaga mi voz.

Distancias

La cabeza y el corazón decidieron poner distancia. Mejor dicho: acordaron distancia. Una vez separados, por la distancia, se extrañaban. Sus recuerdos los miraban a la distancia. Aún así mantuvieron la distancia. No resistieron estar distanciados tanto tiempo. Recorrieron una gran distancia para reencontrarse de nuevo. La distancia no los recuperó; fue el tiempo.