Cuento corto, nostalgia, sensaciones, sentir

Pensamientos íntimos

Encontrarte en aquella mesa no fue coincidencia, las pláticas telefónicas, los chats a distancia… maldita distancia. Los encuentros febriles, la nostalgia.

Los te quieros, los besos, las risas torpes. La duda, el cariño, las largas caminatas. El soleado invierno de color blanco, los árboles con sus figuras alargadas; ellos crecen como mi confianza.

De vuelta a ti, a tu abrigo; a tus ojos que me pierden en tus laberintos ¿Cuánto han callado?, ¿cuánto han visto?, ¿cuánto han sufrido?, las ojeras bajas te delatan, la melancolía está allí sembrada desde hace años.

La incomodidad de verte y sin poderla esconder. Miro hacia otro punto, al incierto horizonte, compartimos espacio y silencios, pero nuestros pensamientos permanecen íntimos, callados y distantes.

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Cuento corto

Enigma nocturno

I

Los pies helados

Después del trabajo soy consciente de mis pies. Están helados de la vida sedentaria y la falta de camino.

II

La habitación

Las sábanas heladas y la cama sin amoldar. Mi columna se repara, los huesecillos truenan.

III

El enigma

Allí a oscuras, una vez que el ruido se apaga. Te encuentro en mí, te intento descifrar. Nadie sabe la respuesta aunque pregunte a wiki o a google.

IV

Insomnio

Sin visitar el jardín de los sueños, una vez más. Otra vez tú. La luna más luminosa, la cama tibia y los pies, por fin, tienen dedos.

V

La locura

La locura de verte con los ojos cerrados, de escucharte, de verte: VIVO. Tú, mi recuerdo inerte.

VI

A punto de amanecer

Te descubro enigma, sin respuesta, tal cual eres.

Afronto los hechos: MUERTO ESTÁS.

VII

Levantarse y vestirse

Las prisas del siguiente día, se disuelve la oscuridad mental. Calzarse los zapatos.

¡Oh, dolor insano!, llevarte a cuestas durante el día y sólo desear estar descalza entre la hierba, enlazando los dedos a la tierra para estar un poco más cerca de ti.

 

 

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Fatalista

Bebí esa copa, siguieron más. Entre quince, veinte… quizás. Adentro igual, afuera igual. El frío, la piel, el escozor. El olor a tierra húmeda, el cielo sin estrellas y el picor en los ojos después de trabajar por horas frente a la computadora. Una nube gris por dentro que trata de salir, las ganas de quitarme los zapatos y correr de mi sombra, en la oscuridad vuelve a ser invisible para mis ojos, pero allí la siento.

En ese caos: TÚ. Con los ojos vacíos, con paraguas en mano, una sonrisa. El farol apaga las sombras, ¿será la luz, será la fe?, ¿será un destino?, ¿será un camino?, ¿un enigma?, ¿la pieza faltante?, un espejo delante y la luna brilla fuerte aún con sombras a su alrededor.

 

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Árbol

Sus ramas se alargaban como dedos para tocar el cielo. Se abastecía de hojas verdes, flores entre rosas y violetas. El viento lo despeinaba, las ardillas se resguardaban. Crecía primero a centímetros después a metros.

Nacían nuevos dedos, en otoño deshojados, en invierno desnudos, se mimetizaban con los rayos luminosos, uno negro, otro blanco enceguecedor. Como garras abrazándose en instantes por la noche sin olvidar que una vez fueron amantes.

La fuerza, el destello, la esperanza de volver a verse quedaba atestiguada entre la tierra que cimbraba, la noche se hacía día, el día oscuro y el árbol guardaba aquellos instantes en sus enredados pies.

Allí espera aparentemente inmóvil, intacto, pero él amanece una y otra vez.

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La piel

El primer sentido en desarrollar es el tacto, nuestros familiares nos acarician, nuestras madres nos aprietan con dulzura hacia sus pechos y si somos atentos escuchamos los latidos de su corazón, los extraños (si les parecemos bonitos) nos hacen cariños.

Con la piel aprendimos a detectar el frío y el calor, con ella sentimos miedo y se nos “enchina el cuero” también pasa cuando estamos emocionados o muy enamorados. Por la piel sabemos como se siente el agua y como nos adormece el cuerpo, con ella transpiramos y nos quitamos el calor, con ella damos amor (ya hablé de amor, ¿cierto?, pero amo el amor), la piel no necesita ser una pizarra, ella no es un lienzo para ser mirada, la piel nació sin ojos y sólo unos dedos bien dotados pueden descifrarla y si tuviese que elegir entre mis cinco sentidos elegiría el tacto. Gracias a él sé lo que se siente un temblor, un escalofrío y el amor.

Por la piel también entra la música y los vellos vibran a su ritmo, la piel nos hace soñar y perdernos sin más… en otra piel. Además de ello la piel es una gran maestra  nos enseña a “mudar de piel”, nos avisa cuando hay una alergia o picazón, la piel se tuesta al exponerla al sol y cambia a color cobrizo o un rojo camarón.

Cuando la piel es bastante vieja de pecas y de arrugas se llena, salen algunos pliegues y deja de estar en su lugar, si eres muy maldoso puedes jugar con los del prójimo (en caso de no tenerlos) o entretenerte con los propios, pero, ¡¡aguas!! pueden hacerse más holgados de lo que son. Ante todo la piel requiere de cuidados, no sé por qué a las personas  se les olvida que es un órgano (y el más grande). Cremas, bloqueadores solares y bronceadores son los más populares, elige cuál deseas (recuerda que tienes libre albedrío).

Este tema es bastante apasionante y podría seguir dando mil argumentos porque la piel es mi favorita, pero por hoy basta.

Hasta pronto, cuiden su piel.

Bremarila.

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El clan

 

puerta La puerta vieja sigue intacta, aún se resiste a la fuerza de la polilla. El tapiz carcomido y la alformbra con las mismas manchas (una que otra nueva). Con asombro me miran, pues he vuelto a ese mundo, bajo el subsuelo, donde el infierno es más cerca, pero casi con las manos tocas el cielo.

Y después de tanto tiempo vuelvo, juré no volver a hacerlo, pero aquí estoy, no más invasiones a mis sueños.

Una vez más de pie, frente a ellos, mi clan.

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El cuerpo

A medianoche salí con pala en mano. Busqué un terreno fácil de remover, uno de tierra blanda con flores encima. Me tomé las medidas y comencé a cavar.

Después de casi dos horas, la profundidad era hostil, me aventé al agujero sin pensarlo. Esperé días hasta que el viento terminará por cubrirme y allí en la inmovilidad morí; para ser más exacto murió mi alma porque el cuerpo, la mente y el corazón habían muerto cuatro años atrás. Sólo fingía andar por la vida como si estuviese bien. Y ahora muerto en cuerpo y alma, pareciera que la muerte me sienta bien.

Espero no desilusionarme…

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Días de verano

Escondido detrás de la hierba crecida, la miraba. Se desabrochaba la blusa con lentitud, al momento de soltarse el último botón, mis mejillas no dudaron en ruborizarse. Sus pechos cayeron como las corolas que saludan a las abejas y mis labios querían transformarse en aquellos insectos para polinizarlos, acariciarlos siquiera al vaivén de las alas.

Su cabello húmedo olía a cañas recién cortadas, o quizás lo imaginé, cada hebra se mimetizaba con las algas, adquiría ese color verdoso que me hacía recordar el olor de la tierra mojada. Sus torneadas piernas apenas se vislumbraban, parecían pequeños salmones coqueteando con las rocas del río. El cuadro, aquel, era enternecedor. Quería entrar al agua y cubrirme con sus besos, estrechar su oído con mis labios hasta llenarlo de miel, abrazarla hasta convertirme en uno con ella, en un árbol, de preferencia un laurel.

El agua adquiría otra tonalidad como si su presencia la hubiese purificado. El Sol que había estado apenado y a duras penas la miraba por entre las nubes, se dio valor para abrirse paso y secar su piel con su cálidas caricias como sólo él sabe hacerlo, el viento se dedicó a peinar su cabello y yo a mirarla como un idiota.

Sólo por esta vez, quería ser Naturaleza.

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