La carrera

Paula corría, el sudor escurría, debía saltar el obstáculo; era más alto que los anteriores, sus rodillas flaqueaban, su cabeza tenía miedo. El obstáculo crecía, sabía que el tamaño era más grande conforme se acercaba, se susurró palabras tranquilizadoras.
Los obstáculos vienen a nuestra medida.

Saltó.

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Un colibrí

Nadie quiere los lunes porque es día de trabajo, pero yo los amo porque me visita un colibrí.

Cada lunes después de las 12 baja con una pequeña flor, en el pico, dejándola cerca de mí. Procede a beber néctar de la flora faltante.

Vuela en zig-zag con las patitas recogidas y las alas vibrantes como el zumbido de la abeja.

Al salir recojo las flores: una colección tengo ya.

Todos quieren que sea viernes para descansar hasta agotarse y yo quiero que sea lunes para ver a mi amigo el colibrí.

Siempre que salgo él no está; se va con rapidez, no lo vayan a capturar.

Yo pienso que está enamorado de mí, ¿ni siquiera sé por qué?, mi cuerpo amarillo es, patas naranjas y un poco regordeta estoy, salgo pocas veces al sol pues unos barrotes no me dejan ir.

Quisiera un día en lugar de flor me trajera una llave para salir.

Pensamientos íntimos

Encontrarte en aquella mesa no fue coincidencia, las pláticas telefónicas, los chats a distancia… maldita distancia. Los encuentros febriles, la nostalgia.

Los te quieros, los besos, las risas torpes. La duda, el cariño, las largas caminatas. El soleado invierno de color blanco, los árboles con sus figuras alargadas; ellos crecen como mi confianza.

De vuelta a ti, a tu abrigo; a tus ojos que me pierden en tus laberintos ¿Cuánto han callado?, ¿cuánto han visto?, ¿cuánto han sufrido?, las ojeras bajas te delatan, la melancolía está allí sembrada desde hace años.

La incomodidad de verte y sin poderla esconder. Miro hacia otro punto, al incierto horizonte, compartimos espacio y silencios, pero nuestros pensamientos permanecen íntimos, callados y distantes.