Las mejores historias

Las mejores historias se escriben con:

Tengo miedo, pero lo enfrento.

Tengo miedo, pero me aviento.

Muero, pero no agonizo.

Las mejores historias se escriben con:

¡¡Vamos por eso!!

¡Tú puedes!

¡Levántate y sigue!

Las mejores historias se escriben con:

Los seres vivos.

El Sol

y la Luna.

Las mejores historias se escriben con:

¡Buenos días!,

¡Suerte!,

sonrisas.

Las mejores historias estás por escribirlas.

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Mis diez descubrimientos

  1. No duele la soledad, duelen las ilusiones rotas.
  2. Para sacar tu brillo personal debes estar solo.
  3. La tranquilidad es más valiosa que la felicidad.
  4. Respetar tus decisiones es más difícil de lo que parece.
  5. Caminar solo, te hace fuerte; pero…
  6. el amor sana todas las heridas (puede emanar de ti para ti o de otros seres)
  7. La disciplina es lo que te mantiene a flote.
  8. Cuando parece que lo has superado, lloras. Es parte de sanar.
  9. Mantener la cabeza fría, cuando el corazón está decidiendo, es la mejor decisión.
  10. Los cambios son buenos. Somos castillos de arena a la orilla del mar.

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Colores

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Mi presente clama por atención, con colores en alta definición, busca mi mirada. Mi pasado luce amarillo, agrietado, congelado, lejano, ya no tiene olor. Mi futuro lila, robótico, sublime…una fantasía.

Un episodio de mi infancia

Yo no hablaba. Sólo miraba. Veía los cuerpos, los gestos y escuchaba las palabras. Constantemente me preguntaban, ¿por qué no hablas? Mi primera palabra escuchada por oídos humanos fue ¡Cállate ya!, un perico me la enseñó.

El perico sólo eso sabía decir, y yo lo miraba atentamente; después le platicaba cosas, no recuerdo cuáles. Yo hablaba claro que hablaba, pero hablaba con ese perico que al finalizar me gritaba ¡Cállate ya!

La gente creía que yo era muda o retardada, yo sólo los miraba. Preguntaban extrañados, ¿nena por qué no hablas? No tenía ganas de hacerlo. Todos hablaban hasta se tropezaban con las palabras, otros hablaban tan rápido que ni se les entendía lo que decían. Un pues se convertía en un ps, un para qué en un paque. Me divertía en grande, pero no reía.

Sacaron sus hipótesis de que yo estaba sorda. Me hablaban despacito para qué entendiera, según ellos; me reía para mis adentros por las caras tan chistosas que hacían. Nadie sabía que yo hablaba y que sólo hablaba con el perico.

Un buen día, mi vecina me descubrió: ¡Sí hablas gritó!, habla, anda habla, insistió. Yo le respondí: ¡Cállate ya!, comenzó a reír.

Inmediatamente fue a presumir a todos los presentes que ya hablaba. Decía: ¡Miren ya habla!, repite, repite, la miré, ¡cállate ya!, exclamé, todos rieron.

Le adjudicaron la gran hazaña al perico.

― Un perico le enseñó a hablar, por ahora dice una palabra, pero ya es algo.

― Mi perico le enseñó― soltaba la vecina orgullosa.

Lo dejé pasar.

Ese perico me enseñó a hablar con los humanos y a callarlos. Él fue mi gran amigo y mi gran maestro. En mi memoria lo conservo… su cuerpo verde, inquieto, comiendo semillas, meciéndose, mirándome, mirándolo…recordándolo.