Historia marina

Las olas acariciaban la orilla, de forma suave, Arena se regocijaba, sentía las vibraciones, el vaivén. Entraba en éxtasis, un gozo perpetuo. En ese ir y venir, se apapachaban, se daban espacios, con fuerza regresaba con pasión y ternura, la noche era testigo de su devoción, la luna cambiaba sus ritmos y la flora y fauna florecía.

Todo era vida, entre deslizamientos, caricias y dulzura.

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