Hace tiempo

Hace tiempo que no escribo, no porque no quiera o lo haya olvidado. En realidad, no sé de qué escribir o de quién, ¿no les pasa que un día sus musas se toman descansos?, y allí te quedas estancada con ideas en la cabeza que no van a ningún lado, luego el sueño y los quehaceres las borran, te terminas ahogando en la cotidianidad del día a día. Eso es justo, pero también en parte.

Hace tiempo que no escribo porque te extraño y no quiero extrañarte. Sí, sí te pienso casi a diario, no sé si ya me perdonaste o si aún queda una esperanza de volver a ser amigos. No quiero escribirte ni directamente ni indirectamente, no puedo evitarlo. 

Mis sentimientos son sinceros al igual que mis disculpas. El camino es difícil y sólo pienso en tus palabras: sé paciente. Por eso no escribo, porque los escenarios creados por mi mente, las ilusiones vuelven y tardan en irse.

Es mejor no escribir para no recordarte, dejar de escribirte directamente o escribir de ti, en estas líneas, en mis ojos o en mis descansos.

Hace tiempo que no escribo por temor a perderte y perderme, sólo estoy allí mirándote a la distancia, mirando mis errores, luchando por sobrevivir porque de una cosa estoy segura: nadie es indispensable.

Hace tiempo que no escribo porque no quiero que sepas lo que pienso, porque el silencio sana las más graves heridas. Camino con el tiempo de la mano y la aceptación como bandera, mis pies se mueven hacia adelante y mi cabeza gira hacia atrás con la esperanza de volver a verte.

Hace tiempo que no escribo y me disculpo porque las letras se vuelven fieras cuando dejas de hacerlo. Te muerden y nada queda a mi gusto o como lo hubiese imaginado.

Aquí estoy letras, aquí estoy extraño. Tal vez vuelvas, tal vez no, pero yo te extraño.

Sobre la vejez

Anochecer, amanecer así a diario, con los días despertando. La vejez se asoma en la piel, en las manos, en los ojos, la edad te transforma y te recuerda tu fugacidad. La vida es muy corta para seguir dividiendo la vejez y la juventud, la edad no importa, las experiencias sí, el cómo te amoldas al tiempo y tejes tu vida. Si cuentas los días, lo que no has hecho, lo que se fue y enumeras tus desdichas o bien cedes ante la presión, opiniones, críticas; te pierdes en el laberinto de supuestos, olvidando los hechos. Por una vida no quiero que me diseccionen con líneas del tiempo, sólo quiero acomodarme a él.