Anécdota

Hace veintiún años caminaba a la orilla del mar, un fragmento verde bien pulido se asomaba entre la arena, lo recogí pensando que era jade, jajajaja, yo y mi imaginación. Corrí gustosa hacía mi madre, le dije sonriendo: ¡¡Encontré una piedra preciosa!!, mira.

Abrí mi mano y ella con cara de risa, respondió: Eso es un vidrio.

Para mí no tenía forma de vidrio, ni siquiera tenía filo. Estaba pulido. Lo guardé en mi bolsillo y mucho tiempo estuvo en mi escritorio. Años después supe cómo lucía el jade, jajajaja.

En mi adolescencia, miraba aquel fragmento, pensaba en mi gran hallazgo.

Hoy volví a encontrarlo entre mis pertenencias, por fin, cobró significado, ese pequeño vidrio soy yo pensé, somos todos. El mar es el tiempo y nacimos con filos, con cierto aire silvestre.

Cada etapa, cada lapso nos pule, saca lo mejor de nosotros, nos deja sin filo.

Un día trascendemos el dolor y volamos. Los daños no están, ni las heridas y aflora la belleza que hay en nuestro interior, así como aquel vidrio que llegó a ser en mi mundo, una piedra preciosa.

… Y después de todo creo que lo es.

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