Cambiemos las reglas

Reír llorando.

Vivir muriendo.

Dormir despierto.

Recordar olvidando.

Encontrar perdiendo.

Volver dejando.

Bailar sentado.

Enfermar curando.

Cambiar permaneciendo.

Construir destruyendo.

Avanzar retrocediendo.

Suturar abriendo.

Hablar callando.

Amar odiando.

 

 

Belleza

La belleza no reside en el misterio de tus largas pestañas, ni en el silencio de tus labios apagados, tampoco en la tersura de tu piel o la armonía de tu cara. No está en los movimientos gráciles de tu cuerpo, en tu pecho, en tu ritmo, en la luminosidad que emanas ¿Cómo explicarte? Tu belleza es incolora, insípida, insabora e intangible. Está más allá de mi entender, lejos del infinito. Me es imposible aprisionarla, describirla en palabras. Mis cinco sentidos no pueden exponerlo. Tu belleza es un misterio indefinible.

Amarte

Quiero amarte con los ojos cerrados

con el corazón en la mano.

Quiero amarte con el olfato,

comerte sin prisas con el tacto.

Quiero amarte con los cabellos,

forjando pequeños lazos.

Quiero amarte con la sombra,

abarazarte con mi silueta y

arrullarme con tus bostezos.

Días de verano

Escondido detrás de la hierba crecida, la miraba. Se desabrochaba la blusa con lentitud, al momento de soltarse el último botón, mis mejillas no dudaron en ruborizarse. Sus pechos cayeron como las corolas que saludan a las abejas y mis labios querían transformarse en aquellos insectos para polinizarlos, acariciarlos siquiera al vaivén de las alas.

Su cabello húmedo olía a cañas recién cortadas, o quizás lo imaginé, cada hebra se mimetizaba con las algas, adquiría ese color verdoso que me hacía recordar el olor de la tierra mojada. Sus torneadas piernas apenas se vislumbraban, parecían pequeños salmones coqueteando con las rocas del río. El cuadro, aquel, era enternecedor. Quería entrar al agua y cubrirme con sus besos, estrechar su oído con mis labios hasta llenarlo de miel, abrazarla hasta convertirme en uno con ella, en un árbol, de preferencia un laurel.

El agua adquiría otra tonalidad como si su presencia la hubiese purificado. El Sol que había estado apenado y a duras penas la miraba por entre las nubes, se dio valor para abrirse paso y secar su piel con su cálidas caricias como sólo él sabe hacerlo, el viento se dedicó a peinar su cabello y yo a mirarla como un idiota.

Sólo por esta vez, quería ser Naturaleza.

Hablemos claro

El amor se construye.

El dolor te desconstruye.

Cuando hay amor, no hay dolor.

Cuando hay dolor, no hay amor.

La ausencia de amor provoca dolor y el dolor es la ausencia de amor.

En la ausencia no hay silencio, en silencio las ausencias matan.

Pero en sí, no son las ausencias las que matan sino los recuerdos.

Éstos, a su vez, matan las ausencias y lo que queremos es matar ese recuerdo que lacera.

Laceramos el alma con nuestras angustias y en la angustia no vive la calma.

La calma habita en el alma plena.

Sólo en plena calma, el amor llega.

O más bien no llega, se revela.

Revelarse de adentro hacia afuera, sin reservas.

Sin reservas amar, sin reservas abrazar el dolor y las ausencias.

Amar al dolor, a la calma, y a los recuerdos que laceran, para convertirte en un alma plena.