Los hombres de las montañas

Conocí a los hombres de las montañas por coincidencia. Bajaron a la ciudad para implorar por sus tierras. Yo los miraba: tenían curtida la cara y las manos deshechas. Gritaban, asentían al unísono.

El Sol no se apiadaba de su lucha interna; los partía desde los pies a la cabeza. Las nubes se aglomeraron… a otras fueron llamando. Tenían en mente refrescarles las ideas. Darles fuerza al igual que a sus siembras.

Los hombres no fueron escuchados por las altas esferas. Pero las nubes lo vieron todo y recorrieron el cielo como palomas mensajeras. Gracias a ellas, esos gritos llegarán hasta las estrellas.

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