Ventarrón y Ventisca

A una edad temprana, Viento logró independizarse de sus padres. Su sueño era escalar todas las montañas existentes con prontitud.

El mundo se quedó sin Viento por unos años; él estaba en el Everest causando estragos.

Una mañana de abril, descendió cansado, sediento, hambriento…un poco harto…

Dos pequeños le tomaban la mano: Ventarrón y Ventisca.

Ventarrón se caracterizaba por sus travesuras, con frecuencia se burlaba de los seres vivos que encontraba. En sus ratos libres molestaba a Ventisca.

―¡Chillona, quejumbrosa!― la picaba con un palo

―¡Papá!― lloraba, Ventisca

―¡Ventarrón, basta!― lo regañaba Viento; alzando el dedo índice.

Ventarrón empujaba a las criaturas hasta derribarlas, alzaba faldas, tiraba árboles, sacudía a los peces que dormían tranquilos, despeinaba a la gente, hundía barcos.

Sus víctimas preferidas eran los bañistas les quitaba el traje de baño y los aventaba desnudos en la arena.

―¡Pobres tontos!―carcajeaba.

Ventisca consolaba a las criaturas que mortificaba Ventarrón. Por esta razón peleaban…

Sus riñas dejaban las ciudades en ruinas.

Viento ideo la solución perfecta; cambiarlos de ubicación constantemente; así los seres vivos y entornos tendrían tiempo de restablecerse o recuperarse.

Sin embargo, creo que Ventarrón y Ventisca merecen unas buenas nalgadas.

Lo siento, estimados lectores, eso escribió Ventarrón con tinta indeleble. Ni siquiera el narrador se salva, caray.

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5 comentarios en “Ventarrón y Ventisca

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